Sin duda, un hito relevante para CES ha sido la colaboración con la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, la que se ha extendido más allá, logrando la segunda incorporación de los proyectos que ellos gestionan con CES en una nueva emisión de Bonos Verdes Soberanos.
Esta es una iniciativa que involucra a los Ministerios de Hacienda, Medio Ambiente y Obras Públicas, y en la versión pasada, ya pudimos aportar con la cuantificación de las reducciones de emisiones en la etapa de operación de los edificios CES certificados de la DA-MOP, de modo que formaron parte por primera vez en la segunda emisión de Bonos Verdes del país, aportando con un 38% de los bonos emitidos, equivalentes a 1.180 millones de dólares.
Por este importante logro queremos agradecer a la Dirección de Arquitectura del MOP por haber incorporado nuevamente a CES como una herramienta de medición y aporte.
También es importante destacar el exitoso convenio de colaboración suscrito entre el Minergía, MOP y CES durante el 2019-2020, que se amplió al 2021, permitiéndonos desarrollar importantes avances en el alcance de nuestra herramienta que hoy ya se encuentran mayoritariamente concluidos.
El convenio suscrito generó, entre otros aportes:
Se desarrolló una nueva plataforma para los procesos de certificación, lo que fue un esfuerzo importante para facilitar el trabajo de asesores, equipos de proyecto y evaluadoras, y al mismo tiempo, permitir un manejo estadístico detallado de la información que se levanta a partir de los procesos de certificación, de modo de poder colaborar con las diferentes instancias de reporte a nivel nacional e internacional.
En el marco de la Ley de Eficiencia Energética, se plantea la implementación de la Calificación Energética de Edificios de Uso Público, Comerciales y Oficinas.
Esta calificación completará un núcleo de herramientas locales para el área, sumándose a las ya existentes CEV, CVS y CES.
Para su desarrollo se trazó un programa consistente en tres estudios o etapas, de las cuales la primera y segunda parte fueron desarrolladas en el marco de este convenio y consisten principalmente en el levantamiento de la experiencia internacional, metodologías y modelos de referencia, y en el desarrollo de una herramienta de cálculo para la calificación.
Las dos etapas concernientes a este convenio se encuentran terminadas.
Se avanzó en la definición de aplicación del estándar Net Zero energía y net Zero carbono. Para lo que se desarrolló un estudio, basándose en la experiencia internacional y la realidad de Chile. El estudio se encuentra disponible en nuestro sitio web.
También se generó un estudio piloto de huella de carbono, en el Edificio del Centro Día Adulto Mayor de Punta Arenas, ganador 2019 categoría certificación con nivel Destacado con 69 puntos. Se desarrolló una cuantificación de la huella de carbono en el ciclo completo de la edificación, incluyendo materiales y proceso constructivo; comparando un escenario base (edificio con la certificación) y otros que consideraron posibilidades de mejoras.
Además, se realizó la evaluación de diferentes herramientas de cuantificación y metodologías internacionales, optando por RICS del Reino Unido.
El estudio se encuentra disponible en nuestro sitio web.
Con este trabajo vamos avanzando en generar la información base para poder incorporar a las futuras versiones de CES los criterios de Net 0 carbono y energía.
Este objetivo surgió a raíz de la necesidad de contar con una herramienta específica que nos permitiera incluir a los edificios existentes en la Certificación.
Esta versión presenta un enfoque diferente a la versión tradicional de CES, ya que se asocia a la mejora en el comportamiento del edificio, tomando como línea base, su propio desempeño. De esta manera, se levanta el comportamiento real y sobre ese nivel se certifica un porcentaje de mejora de al menos 20%.
Actualmente, tenemos disponible la versión preliminar y nos encontramos en etapa de realizar pilotos con el sistema para poder calibrar por lo que los invitamos a inscribir pilotos para la versión de edificios existentes.
Esta versión incorpora:
La herramienta comenzará a funcionar:
Sumado al convenio mencionado, el año pasado comenzamos un trabajo conjunto con la Dirección de Aeropuertos del MOP para el desarrollo de la versión CES Aeropuertos. En una primera versión, esta considera los edificios terminales de pasajeros y en la segunda, una ampliación a todo el recinto aeroportuario.
En el trabajo para la primera versión, se calibrarán los requerimientos de consumo de energía, uso eficiente de agua y acondicionamiento acústico, y se ampliará la mirada a temas nuevos dentro del sistema de certificación como: Huella de carbono en el ciclo completo de la edificación, economía circular, y Elementos asociados a innovación que incluyen electromovilidad, uso de hidrógeno verde para vehículos de transporte interno, parámetros de impacto social e infraestructura verde y azul.
Al contemplar todo el camino avanzado desde el año 2015 en que CES entra en operación, nos llena de orgullo contar hoy con más de 500 proyectos trabajando con CES, de los cuales 90 ya se encuentran certificados y más de 200 precertificados, registrándose un constante aumento de proyectos.
CES además de ser un reconocimiento al esfuerzo y logro obtenido por cada equipo en cada proyecto, es una certificación que acredita el aporte a mejorar la calidad de vida de las personas en sus ambientes de trabajo, atención, servicios, deporte, esparcimiento y estudio, donde pasan gran parte del día, impactando positivamente en nuestra sociedad.
“La fortuna favorece a los audaces” es un proverbio latino que se usa para evidenciar que los que actúan, a diferencia de los que dudan o vacilan, cumplen su objetivo. Algo similar ocurre con el Plan de Emergencia Habitacional del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, la meta de 260 mil viviendas en cuatro años sin duda es audaz, por lo que las medidas para cumplir ese compromiso deben ser igual de audaces.
El anuncio realizado durante el mes de agosto en la Región del Biobío por el ministro Carlos Montes refleja fielmente este principio. Por primera en la historia, el Minvu adquirirá un edificio ya construido para dar soluciones habitacionales. Y no sólo eso, éste corresponde a la primera compra de un edificio industrializado, además de ser el primer construido en madera y en mediana altura.
Esta iniciativa es gracias a una resolución del Minvu publicada en el Diario Oficial el 14 de julio de este año, la que textualmente permite “la adquisición de viviendas para destinar al arriendo a familias que cumplan con los requisitos del programa de subsidio de arriendo de vivienda”.
Esto demuestra que la resolución no fue letra muerta o algo inaplicable, sino que con hechos concretos muestra que las iniciativas y herramientas nuevas que está implementando el Minvu son para ser utilizadas y para ayudar con el cumplimiento del Plan de Emergencia Habitacional.
El anuncio de la compra de un edificio construido por un privado para dar soluciones habitacionales es un cambio en el paradigma al que estábamos acostumbrados. Es decir, cuando se asignaba un subsidio contra un proyecto aprobado, para luego iniciar la construcción y después de varios meses o incluso años, se pudiera entregar la vivienda para su uso.
Algunos pueden criticar que el edificio que se compra sea solo para arriendo, pero eso es lo que la normativa actual, con nuestra Constitución vigente, permite para la compra de un edificio por parte del Minvu. Sin duda son temas que se pueden perfeccionar, pero este primer salto a la piscina es lo que se necesita para avanzar.
Otro ejemplo es el de la agenda de industrialización. Una alternativa pudo ser armar una política de industrialización, analizando la experiencia internacional, contratando estudios para ver la mejor aplicación o haciendo concurso de ideas para este tipo de vivienda, pero se optó por la acción concreta. En este caso, llamamos a un concurso para construir edificios industrializados según nuestros programas nuevos y vigentes en la Región Metropolitana, desarrollando además con industrializadoras diseños desde cero para llegar a precio con todas las especialidades en viviendas tipo del Minvu.
Esto va en la línea de lo que ha señalado el Presidente Gabriel Boric, ya tenemos bastantes diagnósticos, es hora de actuar.
El alto costo de los materiales, las elevadas tasas de interés, mayores requerimientos en sustentabilidad, junto con un gran déficit habitacional, están empujando al rubro de la construcción a buscar alternativas que permitan un mayor control sobre los costos del proyecto y su tiempo de desarrollo.
La construcción en seco es una oportunidad para lograr justamente menores plazos, control de costos más precisos y procesos industriales más eficientes. Este modelo constructivo no solo permite paliar el déficit habitacional que enfrenta nuestro país desde hace años, sino que también trae consigo beneficios como mayor seguridad, obras más limpias, con menos residuos y ahorros en el uso recursos tan valiosos como el agua y la energía.
Por ello, la industrialización puede revolucionar la industria hacia un modelo más productivo y consciente con la sociedad y el medio ambiente.
Lo anterior en un contexto donde el sector de la construcción debe transformarse y avanzar en esta senda de la productividad y la sustentabilidad.
En la industrialización, dos pilares que están directamente relacionados son la productividad y sustentabilidad, sobre todo en cuanto a la gestión de los residuos lo que en sí constituye un indicador de baja eficiencia en el uso de recursos, por lo que es importante avanzar en integración temprana de proyectos de modo que sean contemplados desde el diseño y sus mejoras.
La pandemia y posterior crisis económica que ha golpeado de manera particularmente dura al sector de la construcción, ha acelerado la necesidad de eficientar el uso de recursos en lo que se refiere a costos, materiales, mano de obra y un aspecto que asoma como fundamental de cara al cambio climático que es la sustentabilidad. Tras lo anterior, y a lo que trae implícita la palabra crisis, estamos trente a una gran oportunidad donde el único camino factible en el largo plazo para el sector construcción son la productividad, la innovación y la construcción sustentable, conceptos que la industrialización integra de manera intrínseca.
Las principales dificultades giran en torno a la necesidad de un cambio cultural de la industria y que lleva a trabajar para lograr una mano de obra más preparada y certificada, tanto en lo profesional como en lo técnico, y que a su vez represente una mejor oportunidad laboral para quienes participan en el sector.
Desde el punto de vista económico si bien aún falta contar con mayor confianza de los inversionistas y experiencia de las constructoras para manejar este tipo de sistemas constructivos, comenzaremos a verlos utilizados cada día con mayor frecuencia, confianza y mejora en resultados.
El objetivo es encontrar las mejores soluciones constructivas disponibles, que permitan un desempeño altamente eficiente de los proyectos, y para ello la integración temprana de la cadena de suministros es fundamental, lo que implica metodologías de trabajo distintas, buscando el diseño integrado y un trabajo colaborativo que integre toda la cadena de valor.
Otro aspecto que requiere avances es la normativa que permita una clara y eficiente utilización donde prácticas y resultados de investigaciones de países desarrollados que tengan condiciones similares de amenaza sísmica a las que tiene Chile.
Dentro de la construcción en seco, la construcción modular permite, desde el punto de vista social, construir viviendas asequibles y de buena calidad, se cuenta con capacidad productiva instalada y operando la que es capaz de producir soluciones modulares de alta calidad, a una velocidad superior, lo que puede traer interesantes economías de escala al pensar en desarrollos de grandes cantidades de vivienda.
En los últimos años en Chile, la oferta de soluciones con prefabricados de hormigón, estructura en madera y estructura metálica, entre otras soluciones mixtas, ha aumentado y se ha notado un incremento en la demanda de estos elementos para la construcción de infraestructura, edificios comerciales, residenciales, minería y vivienda; sin embargo el desafío de alcanzar estándares mundiales, requerirá́ avanzar mediante un trabajo colaborativo a nivel público y privado y acciones que permitan su masificación.
Con tecnología e innovación, la construcción logrará mejorar sus plazos y hacer más sustentables sus procesos, disminuyendo los residuos y las emisiones de CO2 mientras aumenta la productividad.
En el Día del Arquitecto, quisiera comenzar por felicitar a todos los colegas que desde sus diferentes veredas del ejercicio profesional van colaborando al desarrollo de la arquitectura en nuestro país, con identidad, con innovación, pero sobre todo con responsabilidad frente a los desafíos inminentes que tenemos por delante.
Hoy, sin duda, son tiempos desafiantes, donde tenemos un incremento en el déficit de vivienda, una situación social sensible, una realidad económica compleja, una pandemia latente y, a la vez, una gran encrucijada con el cambio climático. De alguna manera, se vinculan todas cuando nos enfocamos en el ejercicio de nuestra profesión.
En el pasado hemos podido experimentar épocas en que han existido desafíos similares a los de hoy de Déficit Cero de Vivienda, pero donde el propósito sobrepasó el objetivo, volviéndose un resultado complejo, aunque es importante reconocer que conceptos como desarrollo sostenible y ciclo de vida aún no estaban permeados en nuestra sociedad y clase política como hoy sí lo están.
En cambio, estos tiempos nos traen soluciones. Hoy contamos con una hoja de ruta a nivel global que son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), donde la arquitectura y el urbanismo tienen injerencia directa sobre los 17 objetivos, siendo una profesión portadora de una gran responsabilidad en poder materializar un mejor futuro.
Dentro de los 17 objetivos está el Objetivo 9: Industria, Innovación e infraestructura, lo que está muy en línea con los propósitos de la actual gestión del Minvu de lograr Déficit Cero de Viviendas a través de la industrialización. Pero este resultado será positivo y generará externalidades positivas en el corto, mediano y largo plazo, solo si se enmarca bajo el desarrollo sostenible.
La industrialización por sí sola no mejorará la calidad de la vivienda, ni evitará problemas de habitabilidad posterior, solo podrá ajustar plazos de ejecución y minimizar residuos (si es bien ejecutada). La industrialización toma un curso positivo evitando los errores del pasado, solo si se circunscribe al universo de los ODS y a las herramientas en línea con este propósito desarrolladas actualmente en nuestro país como son: la Certificación de Vivienda Sustentable (CVS), la Certificación de Edificios Sustentables (CES), la Calificación Energética de Viviendas (en letras superiores o iguales a D), la Ley Marco de Cambio Climático, la Ley de Eficiencia Energética, la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor, la postergada actualización de Reglamentación Térmica, la Estrategia de Economía Circular Sector Construcción, la Hoja de Ruta RCD de Economía Circular sector Construcción, el Registro de Emisiones y Transferencia de Contaminantes donde se está obligado a reportar emisiones en una obra, entre otras.
Por lo anterior, la arquitectura sostenible, además de usar las herramientas ya disponibles, permite desarrollar proyectos conscientes que:
Nuestra responsabilidad como arquitectos es estar informados y conscientes de ello, aplicándolo en todos los roles que nos corresponda desde nuestro ejercicio profesional.
La industria de la construcción ha presentado, en forma sostenida, dos carencias de alto impacto. Sus índices de productividad no han podido despegar, mostrando un estancamiento en las últimas décadas. Al mismo tiempo, presenta una oportunidad gigantesca en el ámbito de sustentabilidad ambiental, siendo el rubro que más materia prima consume, el que más residuos genera y el que mayores gases de efecto invernadero emite.
Con esta realidad a la vista, en 2015, Corfo impulsó la creación del Programa Estratégico “Productividad y Construcción Sustentable”, hoy conocido como Construye2025. Su principal fortaleza radica en el carácter público-privado de su constitución, y su rol articulador -entre las diferentes hélices que participan de la industria- ha permitido generar procesos transformacionales para nuestro rubro.
Tras los seis primeros años del Programa se han movilizado esfuerzos del mundo académico, del sector público y de la empresa privada, materializando iniciativas tan relevantes como dos centros tecnológicos para la construcción, el Consejo de Construcción Industrializada, el Planbim, el DOM en Línea, así como la elaboración de la Hoja de Ruta RCD Economía Circular en Construcción 2035 y la Estrategia de Economía Circular en Construcción, por nombrar algunas.
El trabajo de este período y los innegables beneficios para el rubro han sido posibles gracias a la co-construcción de una hoja de ruta el año 2016, en la que participaron diversos actores de la industria, y se fijaron los principales objetivos y los focos de acción para un período de 10 años.
El mundo está cambiando, nuestro país ha evolucionado, nuevas tendencias nacen y necesidades específicas se tornan más urgentes. Resultaba necesario revisar y afinar el trabajo para el próximo cuatrienio. Esta actualización de la Hoja de Ruta resume el trabajo de revisión de nuestra carta de navegación de cara al año 2025. Fiel al funcionamiento del Construye2025, ha sido elaborada incorporando las visiones de los diferentes actores de la industria mediante talleres, entrevistas y un trabajo participativo de co-construcción.
Tenemos la convicción de que este trabajo nos posiciona a la vanguardia. Y estamos convencidos que -manteniendo el trabajo conjunto entre todos los actores de nuestra industria- lograremos acelerar la transformación de la construcción, avanzando a un país más productivo y más sustentable.
Recientemente, presentamos la Hoja de Ruta 2022-2025, que incorpora diagnósticos sectoriales actualizados y pone especial acento en continuar y fortalecer iniciativas originales de la estrategia.
La estrategia se organiza en cinco ejes estratégicos: industrialización, sustentabilidad, transformación digital, capital humano e innovación, en donde hemos agrupado 13 iniciativas y 25 acciones, que nos guiarán de cara a los esfuerzos que nos imponen los desafíos del cambio climático y la carbono neutralidad al sector construcción.
De esta manera, en el ámbito de la industrialización, buscaremos articular esfuerzos para el desarrollo de un manual de constructabilidad, que ayude a mejorar el diseño con foco en industrialización; junto con manuales de aplicación que promuevan el uso de componentes estandarizados de construcción. Asimismo, gestionar el levantamiento de soluciones constructivas, productos y servicios disponibles a nivel nacional, que puedan ser visualizados y así potenciar su adopción en la industria.
Por otra parte, creemos que es importante seguir difundiendo casos de proyectos y soluciones constructivas exitosas en Chile, para que se repliquen y multipliquen; y junto con ello, medir la mayor cantidad de obras, con la herramienta que desarrollamos junto al Consejo de Construcción Industrializada (CCI), para así poder descubrir dónde están las principales oportunidades de mejora para las obras de construcción tradicional e industrializadas.
La sostenibilidad es un eje vertical, en el que se enmarca la propia Hoja de Ruta RCD y Economía Circular en Construcción 2035 del programa y su importante rol frente a la Estrategia Nacional de Economía Circular. Es en este eje donde se articulan iniciativas para propiciar modelos de negocio, productos y servicios de economía circular, apoyando otras iniciativas a través de distintas instancias de colaboración. Además, promover la economía circular en certificaciones e, incluso, en la rehabilitación de edificios existentes. En este contexto, destacar, además, la importancia de contar con plataformas de medición estandarizada de huella de carbono, que es el principal indicador de sostenibilidad.
En el eje de capital humano hay un compromiso con buscar herramientas para fomentar y fortalecer la capacitación y certificación de los trabajadores, trabajar en el desarrollo de nuevas capacidades en el mundo técnico para la construcción y renovar las mallas curriculares de los profesionales del sector, incorporando cada vez más la integración femenina. Finalmente, todo tiene que ver con las personas y cómo estás asumen los desafíos que el sector se plantea, por lo que será importante en este eje trabajar con un comité transversal de instituciones académicas y de formación.
Sin duda, el apoyo de Corfo durante estos seis años y del Instituto de la Construcción, durante los últimos dos, ha sido crucial para poder observar cómo poco a poco los temas que impulsamos al inicio hoy ya están cada vez más incorporados en los sectores público y privado, así como en la academia y sus mallas curriculares. El cambio de paradigma ya ha comenzado a ocurrir.
Pero no podemos avanzar solos, como siempre, uno de nuestros principales desafíos es reunir y congregar a representantes del sector que puedan generar los cambios necesarios, aunar esfuerzos y voluntades y trabajar unidos en forma estratégica. Tal vez una de las principales variables de éxito en esta etapa es medir. Midiendo y conociendo indicadores en ámbitos de productividad, sustentabilidad y transformación digital, podemos detectar con mayor precisión las áreas de mejora y, con ello, apuntar las iniciativas a objetivos que logren mejorar estos indicadores.
Por lo mismo, y más que antes, el principal esfuerzo estará centrado en contar con todas aquellas instituciones y personas que puedan aportar en el logro de estas mejoras, que estén dispuestas a trabajar en conjunto para movilizar esfuerzos sectoriales, con convicción y determinación, ya que -a la luz de las nuevas leyes de Eficiencia Energética y Cambio Climático– se nos agota rápido el tiempo para lograr todas las mejoras que nos estamos proponiendo como país. Asimismo, la urgente necesidad de eliminar campamentos y combatir el déficit habitacional, para lo cual urge una mayor productividad en nuestra capacidad productiva y despliegue de proyectos. El desafío es de todos.
El 3 de julio pasado, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Carlos Montes, presentó al Presidente de la República y al país entero el Plan de Emergencia Habitacional, el que busca construir 260 mil viviendas en cuatro años. El documento propone diversas alternativas para suplir la demanda habitacional, entre ellas la diversificación en los caminos para obtener la vivienda y actualizar la forma de construcción.
Respecto a la actualización de la forma de construir, ésta consiste básicamente en la industrialización del proceso de construcción de viviendas. Es importante entender que esto es la manera de producir la vivienda, es decir que las partes se construyen en una fábrica para que luego ser instaladas en la obra. Esto permitirá disminuir los residuos, optimizar plazos y aprovechar al máximo los materiales con menos pérdidas, lo que se contrapone al sistema tradicional de construcción al que estamos acostumbrados a ver, en que nos encontramos con una faena en que las partidas se construyen a la intemperie.
Para mejorar la productividad en la construcción de viviendas, el Minvu ya se encuentra actualizando su normativa. Hace un par de semanas se publicó el nuevo Protocolo de Inspección, en el que se reconoce la construcción industrializada, lo que se suma al anuncio del propio ministro Montes sobre tres iniciativas que van a permitir seguir fomentando el proceso de industrialización.
La primera de éstas es el anuncio de llamado a concurso oferta que se realizará durante julio para construir viviendas industrializadas en la Región Metropolitana, específicamente en las comunas de Renca y Lo Espejo. La segunda es el desarrollo de pilotos de industrialización en las regiones de O’Higgins y Biobío; y la tercera es la firma de un convenio entre la División Técnica (Ditec) del Ministerio de Vivienda y Urbanismo y 5 fábricas, para realizar en conjunto viviendas tipo industrializadas.
Los dos primeros anuncios suman en su conjunto más de 1.000 viviendas industrializadas que estarán en desarrollo durante el presente año.
Para entender los alcances de la firma del convenio entre el Minvu y las industrializadoras es importante entender en qué consisten estas viviendas tipo industrializadas. En pablas simples, nos referimos a viviendas que se revisan y aprueban una sola vez y son replicables, por lo que los Serviu a nivel nacional no tienen que revisar de nuevo, ya en este acto se ahorran varios meses de trámites para iniciar la construcción.
Como son viviendas tipos que se desarrollarán en conjunto con las industrializadoras, se busca optimizar al máximo los materiales en base a los programas habitacionales y a la forma de construir en las plantas, reduciendo así las pérdidas de material y velando por la calidad de la solución.
Esperamos contar con una variedad de viviendas tipo industrializadas, por lo menos una docena de tipologías, que reconozcan la diversidad geográfica de nuestro país, con sus distintos requisitos, considerando además la pertinencia tanto en el norte, centro y sur de Chile, de distintos materiales, en extensión y en altura.
Este Plan de Emergencia es el punto de partida para innovar en temas habitacionales y mejorar los índices de productividad que tenemos en la industria de la construcción, por lo que en ningún caso su anuncio es el fin de un proceso, sino que solo es el comienzo.
Hoy, Chile cuenta con dos certificaciones nacionales: Certificación de Edificio Sustentable (CES) y la Certificación de Vivienda Sustentable (CVS).
Para el país, contar con ambas certificaciones ha mostrado ser de gran impacto en mejorar la calidad de vida de las personas, minimizar las huellas ambientales, además de propiciar la calidad de los diseños de los proyectos a costos que se vuelven cada vez más asequibles y posibles de masificar.
Es importante destacar que ambas certificaciones son de carácter voluntario y tienen el gran valor de incorporar requerimientos por sobre las exigencias vigentes, con el fin de ir abriendo el camino para mejorar en el futuro los estándares y normativas en nuestro país, de acuerdo con la capacidad del sector de ir absorbiendo los desafíos y de acuerdo con la tecnología y materiales disponibles.
Además, a diferencia de algunas otras certificaciones de este tipo, están desarrolladas en base a datos de clima y geografía locales, lo que permite lograr resultados que se ajustan adecuadamente a cada localidad.
También, al ser desarrolladas en Chile, dan la flexibilidad de poder ir ajustando en el futuro sus parámetros y nos permiten medir y cuantificar como país el avance en cada uno de sus indicadores. Esta característica ya permitió el año pasado incorporar edificios desarrollados por la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas (MOP) que contaban con CES, a la emisión de bonos verdes de Chile, permitiendo disponer de nuevos recursos para ir avanzando en el desarrollo sostenible en nuestro país.
Por último, contar con nuestras propias certificaciones, es de gran valor y sustento para ir avanzando oportunamente en temas relevantes para el país y el sector construcción, como lograr un óptimo bienestar social, ambiental y económico, además de todo lo desafíos a los que nos estamos enfrentando producto del cambio climático y de los cuales hoy debemos hacernos cargo.
En Chile, para nadie es sorpresa saber términos técnicos, como lo son economía circular y sustentabilidad. Existen diversos organismos que están trabajando en este tema, como lo es el Instituto de la Construcción y Construye2025, que a través de diversas comisiones, analiza e investiga importantes temas como lo es la huella de carbono y materiales sustentables, dentro de los procesos constructivos.
Con respecto a las normativas técnicas, existe la “NCh 3562: Gestión de Residuos – Residuos de Construcción y Demolición (RCD) – Clasificación y Directrices para el Plan de Gestión”, norma que permite el tratamiento y la gestión de los escombros desde la obra, hasta el lugar de destino. Aquí se establece la separación y el ordenamiento de los residuos de materiales, con el fin de reciclarlos.
A la par, muchas universidades están investigando el uso de áridos reciclados provenientes de este tipo de residuos, debido a que a corto plazo, el árido natural sufrirá una escasez, lo que obligará su uso. En esta misma línea, se está trabajando en la actualización de la “NCh 163: Áridos para morteros y hormigones – Requisitos generales”, que permitirá a corto plazo el uso de los hormigones con áridos reciclados, disminuyendo así la cantidad de escombros provenientes de las obras de construcción. El Manual de Carreteras, en su última actualización, ya considera el uso del RAP (Reclaimed Asphalt Pavement, Pavimento de Asfalto Reciclado), lo que en este tema es un gran avance para obras de construcción.
Para nadie es novedad que los paradigmas están cambiando. Los avances tecnológicos, la inteligencia artificial, la robótica, la digitalización nos están cuestionando para hacer una revisión general de nuestras rutinas. Como ha quedado demostrado, el descontento de las comunidades es mundial. En Chile este descontento tiene una alta cuota de incidencia en la habitabilidad de la vivienda , su calidad, relación superficie / número de habitantes y la segregación. Según los especialistas, la habitabilidad de la vivienda (calidad en su materialidad y número de habitantes /m2) influyen directamente en la salud mental y la segregación deteriora la convivencia. Por tal motivo es que junto al Colegio de Arquitectos, estamos participando en la asesoría técnica, referente a la construcción de viviendas sociales, para el Ministro de Vivienda Carlos Montes.
No hay que dejar de mencionar los apoyos computacionales a la construcción. El BIM (Building Information Modeling) es la herramienta con mucha proyección en cuanto al diseño y control de proyectos de construcción. Muchas empresas del rubro ya lo están implementando, como también las empresas de capacitaciones. En esta línea, se está trabajando en el “Instrumento de diagnóstico digital para el catastro asistido de daños estructurales durante la post emergencia sísmica”, SEISMO, el cual nace con el objetivo de poder mejorar el proceso de catalogación de viviendas ante sismos, determinando sus habitables o no habitables, labor que actualmente es realizada por voluntarios y funcionarios públicos , en base a la apreciación generales y experiencias previas. Esta aplicación permitirá contar con información detallada del levantamiento y catalogación de fallas, mediante un proceso de instrucción y catalogación de los conocimientos de las personas que levantan la información. Mediante esta App móvil, los voluntarios podrán realizar levantamientos en terreno de manera rápida y efectiva, estableciendo parámetros para la determinación del grado del daño en una vivienda, además de contar con un módulo de instrucción previo.
Dentro de los desafíos legales que es necesario analizar, está la modificación de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcción; y Ley General de Urbanismo y Construcción, las cuales hay que ir actualizándolas de acuerdo con las exigencias del país.
En resumen, ¿la sustentabilidad y medio ambiente, pueden ir de la mano con construcciones de calidad y eficientes?, por supuesto. Estos serán los desafíos para concretar a corto plazo.
Para cualquier juego, siempre se requiere leer las “instrucciones”, sobre todo para un juego nuevo.
Esas indicaciones y directrices que van en las instrucciones, cuanto más claras son, se hace más simple el aprendizaje y el conocimiento.
El buen uso de las instrucciones permite jugar correctamente, sin temor a equivocarse ni cometer errores. El juego es limpio porque está todo claramente definido y establecido.
En la medida que se juega varias veces, las instrucciones se van asimilando más, y tras varias partidas, ya se empiezan a aprender las indicaciones, siempre teniendo de apoyo el documento para un posible recordatorio.
Las normas técnicas son esas instrucciones. Hay del orden de cincuenta áreas temáticas que se abordan en Chile, y se pueden constatar en el Instituto Nacional de Normalización.
Relacionado solamente con el área de construcción, el conocer la especificación de la materia prima, el cómo se fabrican los productos, como se acopian, cuál es su control de calidad, etc. Tener una guía para diseñar las estructuras con dichos materiales, conocer las solicitaciones asociadas, varias de ellas extremas. Y aún más, considerar la serviciabilidad de las estructuras: acondicionarlas en el ámbito acústico, térmico, sostenible. E incluso, rehabilitarlas.
Todo lo que conlleva finalmente, a tener un resultado de excelencia, una obra bien realizada, es seguir correctamente las instrucciones que van dando las Normas Chilenas y los manuales técnicos.
Los jugadores, en este caso, no son solamente los profesionales que realizan el diseño estructural y la construcción, ni los mandantes. Sino también, las industrias, los institutos de materiales, la academia, las asociaciones gremiales, algunos ministerios, como el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, Ministerio de Obras Públicas, Ministerio de Medio Ambiente.
Así pues, entidades como el Instituto de la Construcción y su Consejo de Normalización de la Construcción, que conecta a varios de esos jugadores del ámbito público y privado, gestiona la creación de nuevas instrucciones, y actualizaciones de ellas. Lo que promueve, sin lugar a duda, el juego limpio.
En el actual ordenamiento jurídico y técnico de la construcción en la organización de la sociedad contemporánea, el cumplimiento de la normativa tiene un rol fundamental ya que de ello depende una oferta de calidad adecuada y alcanzar un nivel de seguridad aceptable tanto para los fabricantes, los constructores y los usuarios.
Las construcciones de acero utilizan este material producto de un proceso de fabricación estrictamente controlado y que a su vez cuenta con la posibilidad de llevar una buena trazabilidad; sin embargo ello per se no garantiza un cabal cumplimiento normativo que es requerido para asegurar esa calidad. Desde este punto de vista, es de gran importancia contar con un cuerpo normativo sólido, actualizado y vigente según el conocimiento tecnológico de hoy.
A diferencia de lo que se tiende a creer, el contar con ese cuerpo y tener como objetivo cumplirlo cabalmente origina un comportamiento mejorado en la obtención de productos de más alta calidad, de la aplicación realista de la tecnología asegurando la seguridad, habitabilidad, el comportamiento de las construcciones y, en definitiva, la calidad de vida en la sociedad.
Para obtener estos logros, este comportamiento de la industria debe estar debidamente incorporado en las políticas públicas de manera que exista una consistencia real en toda la cadena, desde el proyectista que concibe una obra hasta el último de los ejecutores, es así como la aplicación de la normativa cobra su importancia real y se despoja de esa carga que equivocadamente se considera como obstáculos al desarrollo de la labor profesional y productiva.
En Chile, en el último tiempo se ha trabajado intensamente en diversas instituciones para mejorar este entorno normativo, de esta manera hoy tenemos normas como la NCh427/1 y NCh427/2 que son una poderosas herramientas para los ingenieros estructurales pues mejoran el marco en el cual debe situarse el correcto diseño de las estructuras de acero.
De la misma manera, el control de la calidad de los aceros queda claramente determinado en las normas NCh3518 para perfiles cerrados conformados en frío y, consecuentemente, la NCh3576 para perfiles abiertos conformados en frío. Esta tipología de perfiles es ampliamente usada en el país para las construcciones en acero.
De esta manera el país avanza en un camino definido para lograr la calidad que requieren los productos y construcciones de acero y, también así, podemos pensar que estamos sentando bases sólidas para mejorar el bienestar de las personas.
Con la visión de “establecer en Chile la cultura de construcción circular, que permita el desarrollo sostenible de la industria”, en el mes de enero2022 se lanzó la Estrategia de Economía Circular en Construcción. Este hito da cuenta de un proceso de transformación que está viviendo nuestra industria en los últimos años, y que marcará precedente para los años venideros.
La economía circular representa un cambio profundo en la forma de hacer las cosas, dejando atrás el modelo lineal de tomar recursos, fabricar y descartar. Considerando los 3 principios clave planteados por la Fundación Ellen MacArthur, implica un diseño libre de residuos y contaminación, mantener el valor de los productos y materiales en uso; y regenerar los sistemas naturales.
Pero ¿cómo se puede materializar esto en la construcción? Primero, observar que los residuos de construcción y demolición (0.26 m3/m2 construido) son la punta de un iceberg. Significan pérdida de productividad, trabajo rehecho y una pérdida importante de recursos, por cuanto es un material que se fabricó, distribuyó, adquirió, almacenó, utilizó en obra y no llegó a cumplir el fin para el cual fue hecho, con todos los costos e impactos ambientales asociados. La oportunidad está en la prevención del residuo desde el diseño. Segundo, cambiar el enfoque, desde residuos a recursos. El desafío -también desde el diseño de productos y planificación de procesos- es lograr mantener el valor de esos recursos y la eficacia en su uso a lo largo del ciclo de vida, y de ser necesario, buscar posibilidades de valorización. Y tercero, pensar en oportunidades de generar un impacto positivo al medio ambiente (ir más allá que reducir el impacto), tal como revitalizar barrios, edificios existentes, generación de energía renovable, entre otros.
La colaboración es el eje central de la Estrategia de Economía Circular en Construcción. Esta transformación es sistémica y en la práctica se requiere de sinergias e interacciones con distintos actores. Así nace la alianza de la Cámara Chilena de la Construcción con el Instituto de la Construcción y el programa Construye2025 de Corfo, con la facilitación de la Corporación de Desarrollo Tecnológico. Juntos, en representación de la industria y buscando motivar a toda la cadena de valor para su co-construcción, logramos proponer una Estrategia que guíe los primeros pasos del sector al 2025, en línea con la Hoja de Ruta de Economía Circular Chile sin basura 2040 liderada por Ministerio Medio Ambiente, y la Hoja de Ruta de Residuos de construcción y demolición hacia la economía circular 2035 liderado por Construye2025.
Los frutos tempranos de esta Estrategia nos muestran la urgencia percibida en el sector. Existen distintas iniciativas y alianzas entre actores para generar confianza y trabajo colaborativo. Destaca la firma del APL hacia la economía circular en construcción en la región de Valparaíso impulsado por CChC, la creación de una mesa interregional de APLs y de comisiones de economía circular en las cámaras regionales del norte y sur de Chile. Por su parte el comité de Economía Circular en el Instituto de la Construcción hoy agrupa a 29 profesionales de distintas entidades, que proponen y vinculan iniciativas circulares. A esto se suman los retos de innovación, estudios de modelos de negocio circulares y perfiles de formación para trabajadores, liderado por Construye2025.
Próximos pasos y desafíos 2022
Una disrupción, como ha sido para Chile el estallido social o la pandemia, puede ser una oportunidad para un cambio de paradigma y un replanteo de modelo, una recuperación verde. Durante el año 2022, en que ya contamos con una estrategia, el desafío es la acción y potenciar su implementación. Como CDT, nuestro propósito es ser el motor de desarrollo y articulador de la productividad, innovación y sustentabilidad ambiental de la industria de la construcción en la CChC, lo que nos motiva a continuar propiciando este trabajo colaborativo hacia la Economía Circular.