La industria aeroportuaria nacional ha tenido durante los últimos 10 años, un crecimiento promedio sostenido de pasajeros por encima del 10,8% anual (dejando fuera del análisis el año 2020, que generó una caída sin precedentes producto de las restricciones sanitarias que impuso la pandemia, de – 62% respecto del año 2019), lo que ha significado un mayor requerimiento de tiempo en la utilización de pistas y pavimentos aeroportuarios, junto con una mayor solicitación de los terminales.
Este escenario al alza en la demanda, tanto de pasajeros y operaciones de aeronaves, ha exigido a la Dirección de Aeropuertos del MOP (DAP) explorar y aplicar técnicas de diseño y construcción que privilegien la continuidad del servicio y minimicen los tiempos de intervención sobre las pistas, usando técnicas de cálculo que otorguen mayor vida útil a la infraestructura, junto con mejorar la gestión de mantenimiento de los pavimentos.
Esta nueva forma de diseñar y construir que viene implementando la DAP en la última década, no está alejada del “deber hacer” del Estado en materias medioambientales, ya que incorpora criterios de sustentabilidad que apuntan a reducir el uso de materias primas nuevas y a la reutilización de materiales antiguos, los que mediante técnicas convencionales de diseño y conservación, tendrían como destino final únicamente botaderos o acopios sin uso.
Los primeros ejemplos donde la DAP aplicó la reutilización datan de hace aproximadamente 15 años, mediante la conversión del material de fresado de pavimentos asfálticos (asfalto triturado), que ya no se vio como un desecho o residuo de la construcción, sino como un activo con un potencial para ser utilizado en una segunda vida dentro de los recintos aeroportuarios del país. De esta manera, en las calles de servicio, márgenes de pista, RESAS (zona de seguridad de extremos de pista), entre otras áreas de los aeropuertos, se puede evidenciar el renacer de este material que antes era un residuo. También existe aplicación de reutilización en los pavimentos de hormigón, que en un pasado no muy lejano, al ser sustituidos por otros nuevos de mayor capacidad estructural y removidos a una disposición final como escombros, la DAP los está reduciendo a un tamaño con el cuál ha podido reutilizarlos como material de relleno, terraplén e incluso de complemento para bases granulares.
Con la experiencia que entrega el transcurso de los años, y con la convicción intacta de asumir los desafíos que impone la industria aeroportuaria mediante técnicas sustentables de construcción, la DAP ha participado de alianzas público-privadas y junto a la academia, para crear métodos innovadores en diseño de pavimentos aeroportuarios, investigando sobre la reutilización de materias primas como asfaltos y áridos antiguos en las nuevas estructuras de pavimentos, lo que se ha llevado a la práctica en contratos de obras como en el Aeropuerto Diego Aracena de Iquique (2014), en el Aeródromo Tobalaba (2019) y el Aeropuerto Chacalluta de Arica (2020), con resultados que han reducido los tiempos de construcción y que han mejorado la condiciones estructural de los pavimentos.
Hoy la DAP considera en su quehacer nuevos procesos y exigencias técnicas para los consultores y empresas constructoras, manteniendo el estándar de calidad habitual, pero que ahora se enfocan en la reutilización de materiales pétreos, y de esta forma reducir la explotación de canteras vírgenes y la emisión de gases de efecto invernadero. El desafío propuesto es que estos métodos de construcción sustentables se masifiquen en los próximos contratos de la DAP y se extiendan al resto de la Red Aeroportuaria Nacional.
La necesidad de disminuir el CO2 no es reciente, debido a los efectos de los sistemas de producción y los niveles de consumo de energía, llevamos años alertando a nivel mundial y en Chile para disminuir los consumos energéticos y las emisiones asociadas, más recientemente, avanzar hacia la carbono neutralidad y transformar nuestra economía de una lineal a una circular.
Desde la creación de CES, hemos tendido a la medición de los consumos energéticos de los edificios certificados, lo que nos lleva a representar casi un tercio del consumo total de energía, estimado un promedio nacional de 275 kWh/m2 año (edificios oficinas) por parte del Ministerio de Energía. Con los edificios certificados CES, presentamos cifras de entre 40 a 145 kWh/m2 año, lo que sin duda contribuye directamente a la disminución del CO2 en la atmósfera.
Esto se alinea con la meta de Chile de alcanzar la carbono neutralidad al año 2050, para cumplir con el Acuerdo de París. Desde el sector construcción son diversas las iniciativas que se han llevado a cabo, y entre ellas destacamos el trabajo colaborativo entre el Ministerio de Energía, la Dirección de Arquitectura del MOP, el Instituto de la Construcción y Certificación de Edificio Sustentable (CES), en los que hemos plantado las bases para que la carbono neutralidad tome más fuerza en el desarrollo de los proyectos inmobiliarios.
Con ello, estamos cubriendo uno de los cuatro ejes para la reducción de gases de efecto invernadero: y la reducción de emisiones en todos los procesos industriales y edificaciones. Los otros restantes corresponden a la diversificación de la matriz energética; el desarrollo de la electromovilidad y el hidrógeno verde.
Así podremos en un futuro cercano diseñar, desarrollar y ejecutar obras más competitivas, más eficientes, que minimicen su impacto y que incluso puedan tener un impacto positivo. Gracias a las políticas de Net Zero Energía y Net Zero Carbono impulsadas con fuerza desde el sector público esperamos contar con la información de carbono incorporado de todas las edificaciones nuevas y existentes al año 2025, en tanto que para 2030, esperamos que el 100% de los edificios logren reportar públicamente su huella de carbono operacional e incorporado, mediante un instrumento obligatorio. Esto forma parte de los lineamientos de la estrategia de huella de carbono del sector edificación que esperamos sea lanzada próximamente.
Estas metas han implicado años de trabajo y esfuerzo de profesionales con una gran colaboración del sector público, privado, academia y gremios que hemos podido aportar desde el Instituto de la Construcción y de CES
Por ello, en el Día Mundial por la Reducción de CO2, hacemos un llamado a seguir trabajando con fuerza y aumentando la velocidad de nuestras acciones, la urgencia está instalada, depende de nosotros estar a la altura con nuestra respuesta.
De acuerdo con el World Green Building Council, los edificios consumen el 36% de la energía producida y son responsables del 39% de las emisiones globales de carbono, por lo que el mayor desafío para nuestro sector será resolver cómo mitigar y adaptarnos a los inevitables efectos del cambio climático mientras generamos valor social a través de la resiliencia.
En respuesta a estos desafíos, y tras varios años de trabajo junto a aliados globales, en septiembre del 2020, el WorldGBC lanzó oficialmente su estrategia “Sustainable Buildings for Everyone, Everywhere” que proporciona los lineamientos con los cuales los más de 70 GBCs o Consejos de Construcción Sostenible alrededor del mundo estamos trabajando con el objetivo de acelerar la transformación de la industria de la construcción a una que se base en 3 pilares principales como son: acción climática, salud y bienestar, recursos y circularidad y levantando los desafíos y oportunidades de nuestro sector en relación a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
En octubre del 2020, Chile Green Building Council inició los HUBS de trabajo con socios de la corporación pertenecientes a distintos rubros de la cadena de valor del sector, con el objetivo de levantar información específica de la construcción en nuestro país e identificar brechas y aportes de los distintos actores.
Este trabajo colaborativo y de investigación, se consolidó en el “Primer Diagnóstico Sectorial de Desarrollo Sostenible para Chile”, un trabajo pionero en nuestro país y Latinoamérica que fue lanzado el 28 de octubre de este año durante el International Summit en el marco de la Chile Green Building Week 2021.
Si bien reportar en relación a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible es un tema cada vez más extendido entre empresas e instituciones de distintos rubros, sigue haciendo falta el articular estos avances con las distintas políticas públicas y escalarlo a una dimensión territorial, ya que las ciudades en un futuro no lejano, deberán albergar una población que para el 2050 se incrementará en 27%, lo que requerirá que el stock de inmuebles disponibles se duplique.
Por lo tanto, es mandatorio que tanto las nuevas edificaciones como las existentes, cuenten con atributos de sustentabilidad validados, siendo aquí donde sistemas de certificación como CES, cobran gran relevancia al momento de evaluar y calificar múltiples aspectos de desempeño de excelencia en lo ambiental y lo social, demostrando, además, que tener construcciones certificadas también proveen beneficios económicos importantes.
Dentro de las conclusiones extraídas como parte del trabajo realizado para la elaboración del diagnóstico, se identificó la gran importancia de impulsar las certificaciones como herramientas movilizadoras del mercado ya que éstas, además, proporcionan datos que permite contar con información cuantitativa para robustecer metas y mejorar las políticas públicas.
Adicionalmente, están fuertemente alineadas con indicadores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por lo que los datos que entregan facilitan tanto reconocer los avances como identificar las brechas y, de esta forma, hacer más eficientes las acciones de nuestro sector.
Es fundamental avanzar en instrumentos que contribuyan a incrementar la masa crítica de inmuebles certificados de administración pública y privada y que las distintas herramientas como la Certificación Edificio Sustentable, se consideren como insumos importantes al momento de reportar en el marco de las metas de Naciones Unidas.
Los proyectos de construcción tienen un alto impacto medioambiental, y en particular la generación de Residuos de Construcción y Demolición (RCD) representa un grave problema tanto para Chile como para el mundo. De hecho, 35% de los residuos sólidos que se generan a nivel mundial son atribuibles a nuestra industria. En Chile, éstos corresponden a 7,1 millones de toneladas, 35% de los residuos sólidos que se generan anualmente en país.
Si bien en Chile hemos avanzado en la gestión medioambientalmente racional de los RCD a través de iniciativas, tanto públicas como privadas, como son la elaboración de la norma NCh3562: Gestión de residuos – Residuos de construcción y demolición (RCD) – Clasificación y directrices para el plan de gestión (2019), la Hoja de ruta RCD Economía Circular en construcción 2035 (2020), el Plan de Gestión de RCD homologado para todas las obras MOP (2021) o el Reglamento sanitario, en evaluación, para el manejo de residuos de la construcción y demolición (2021) nuestros esfuerzos se han concentrado en los RCD sólidos. Prueba de lo anterior es el mismo Reglamento sanitario, para el manejo de residuos de la construcción y demolición, actualmente en evaluación, que se excluye de su definición de RCD los residuos de carácter líquido que por sus características y en cumplimiento de la legislación vigente pueden ser descargados al alcantarillado o a cursos o masas de agua.
Quizás por el impacto visual de los RCD sólidos, a modo de ejemplo, solo por concepto de proyectos habitacionales, se genera el equivalente a 1,4 cerros Santa Lucía de RCD sólidos anualmente, tendemos a olvidar otro tipo de residuos, pese a que según la NCh3562 los RCD “…provienen del desarrollo de proyectos nuevos, de la rehabilitación, reparación y reacondicionamiento de obras existentes, de los procesos de preparación de terrenos y de la demolición de obras que han perdido su valor de uso…” y en consecuencia pueden ser sólidos, líquidos y/o gaseosos.
Los residuos líquidos o aguas residuales surgen del consumo de agua en las diferentes actividades que, en este caso, se registran al interior de un proyecto de construcción. Con el fin de realizar un manejo y una eliminación adecuada de estas aguas, es necesario identificar el origen de cada una de ellas. Sin embargo, este proceso de identificación no siempre es fácil, dadas las múltiples actividades que, en obra, requieren del uso de este recurso. A modo de ejemplo, se mencionan algunas faenas o actividades que consumen agua: demolición, instalación de faenas (duchas y lavamanos), compactación, curado del hormigón, limpieza de equipos, materiales, prueba de sistemas de impermeabilización (terrazas, jardineras, etc.), entre muchos otros.
Al observar las diversas fuentes de aguas residuales en este contexto, también es factible identificar que según el origen las cargas contaminantes de cada una de ellas varían, pudiendo encontrar agua que es desechada sin tener carga de contaminante, como ocurre en las pruebas de los artefactos sanitarios, hasta aguas residuales con una carga de contaminantes significativa como la obtenida después de cada limpieza de la bomba de hormigonado.
Actualmente, el cambio climático y sobre todo la crisis hídrica que enfrenta nuestro país, hace imperioso comenzar a evaluar distintas formas de gestionar en forma eficiente el recurso hídrico en una obra de construcción. Parece una tarea bastante difícil si tenemos en cuenta lo diverso de algunas de las actividades antes señaladas, no obstante, hoy más que nunca es tarea de todos los actores tomar acciones concretas para generar un cambio de paradigma, tal como lo señala el Banco Mundial en su informe de 2020, donde se busca ver el agua residual como un recurso y no como un residuo (Agua Residual: De Residuo a Recurso).
Para ello, existen estrategias en el marco de la economía circular, como son la producción más limpia y la innovación tecnología que buscan mejorar la forma en que los procesos internos son llevados a cabo, disminuyendo la generación de residuos. En esta línea ya hay empresas constructoras que han comenzado a avanzar y han creado innovaciones de manera tal de recolectar las aguas residuales, tratarlas y nuevamente ponerlas a recircular, las cuales podrías apoyarse en estrategias públicas ya establecidas como son las certificaciones de sustentabilidad de edificios.
Pero también, se hace necesario avanzar en el desarrollo de un marco técnico con indicadores y definiciones claves, que permitan sustentar una actualización del marco normativo, de manera de permitir el intercambio de subproductos con otras empresas e instituciones, generando otro tipo de modelos de negocios que impliquen una compenetración entre los distintos actores y logremos obtener simbiosis entre las diferentes industrias.
Hace algunos meses un importante número de Organizaciones de la Sociedad Civil nos hacían ver y tomar conciencia acerca del dramático escenario de un déficit habitacional que ha crecido enormemente en los últimos años y manifestaban, con fuerza, su disposición para buscar soluciones que se den en conjunto, entre actores públicos, privados y organizaciones, enfatizando que: “sin las familias afectadas y sin las organizaciones sociales, cualquier solución será insostenible”. Esto es muy cierto y necesario comprenderlo, pues ya no es el tiempo de buscar soluciones sin el concurso activo de las personas, familias y comunidades afectadas, pues es su forma de vida la que está en juego. Es necesario generar procesos participativos y colaborativos en la definición de las mejores políticas públicas y otras acciones innovadoras para resolver este y otros acuciantes problemas.
Según el Catastro Nacional de Campamentos 20-21 de Techo-Chile y Fundación Vivienda, “es posible constatar más de 81.643 familias habitando en 969 campamentos, lo que refleja un aumento de un 74% en comparación a las cifras del Ministerio de Vivienda y Urbanismo en 2019, y con una población tres veces superior a la existente hace una década”. El dolor de miles de familias es profundo. No es posible sostener una sociedad sana sin hábitats que sean adecuados, dignos y respetuosos de las necesidades básicas de personas y familias. No se logra equidad ni convivencia en paz, si un número tan importante de ciudadanos viven en condiciones de exclusión, en hábitat precarios, en campamentos sin acceso a agua potable o en condición de allegados. Trabajar sobre el tema vivienda lleva consigo la vía de solución a múltiples otros problemas sociales.
En este sentido, la plataforma ‘Déficit Cero’, un espacio que integra a múltiples organizaciones e instituciones, busca garantizar el acceso universal a la vivienda antes del año 2030 para lo cual convoca a toda la sociedad a trabajar en conjunto para lograr esa meta, antes de que termine la década. Desde el trabajo y acción de Doble Impacto – Banca Ética solidarizamos con este propósito y nos ponemos al servicio de sus objetivos.
En nuestra estrategia, en camino a ser el primer banco con lineamientos 100% éticos y sostenibles del país, buscamos ser fuente de financiamiento en proyectos que incentiven la construcción de hábitat inclusivos y sostenibles, que permitan mejorar la calidad de vida de las personas y sus comunidades. Promover la generación de este tipo de hábitats a través de la construcción de viviendas sustentables, la regeneración urbana y la construcción de ciudades inteligentes, impulsando la cooperación al desarrollo a través del apoyo a empresas y cooperativas sostenibles, fomentando el desarrollo local de los territorios.
Al mismo tiempo no estamos disponibles a participar en proyectos inmobiliarios que se diseñen sin considerar la identidad del lugar en el que se emplazarán o bien que se desarrollen sin participación de la comunidad y actores locales relevantes. Al mismo tiempo no estaremos en proyectos que no se hacen cargo del uso de materiales, su reutilización o revalorización en lo que dice relación con la gestión sostenible de residuos de construcción.
Entendemos que la construcción de hábitat y ciudad debe realizarse pensando en la integración y la inclusión de todos quienes viven en ella. Por eso nos interesan los proyectos de viviendas que contemplan las necesidades de las familias y la armonía con el entorno. Aquello que propicie el empleo digno de personas que viven en las localidades en donde se ejecutan los proyectos, y especialmente si es por sobre los estándares legales mínimos, promoviendo la capacitación de los trabajadores y fomentando la calidad de vida de ellos y sus familias.
En definitiva, nos anima el compromiso con este desafío que nos interpela y para ello estamos disponibles a ser un actor relevante en las soluciones que hoy son urgentes.
La industria de la construcción es actualmente el mayor consumidor mundial de recursos y materias primas. En la actualidad, la construcción y demolición de edificios representa alrededor de un tercio del consumo mundial de materiales y la generación de residuos.
En Chile, el 35% de los residuos que se generan anualmente (7,1 millones de toneladas) proceden de las obras de construcción. Esto puede ser contrarrestado implementando estrategias que estén en línea con los principios de la economía circular, motivo por el cual el sector es considerado uno de los sectores claves para una efectiva transición.
Entre dichas estrategias, la incorporación de materiales con atributos circulares es una estrategia clave a la hora de alcanzar un uso más responsable de los recursos y menor generación de residuos por parte de la construcción.
En vista de ello, la Hoja de Ruta Residuos de Construcción y Demolición (RCD) y Economía Circular en Construcción 2035, cuyo objetivo es abordar desde el Estado, la reducción de extracción de materias primas y generación de RCD, a partir del uso eficiente de los recursos, y el manejo jerarquizado y ambientalmente racional de los residuos, fomentando la economía circular y la disminución de emisiones del sector construcción (Construye2025, 2020 b), establece como meta al 2025 que al menos el 15% de los materiales y sistemas constructivos cuenten con certificación de atributos circulares, aumentando dicho porcentaje a un 30% al 2035.
El hormigón con áridos reciclados es una excelente oportunidad para cumplir con dicha meta y disminuir los impactos de la industria de la construcción.
Los áridos corresponden al material pétreo compuesto de partículas duras, de forma y tamaño estables presente en el hormigón y ocupan entre un 65% y 75% del volumen total del hormigón siendo así un elemento fundamental para su elaboración.
En Chile, se estima que el consumo de áridos anual es superior a los 11 millones de metros cúbicos y su extracción tiene fuertes impactos medio ambientales como son la erosión y la pérdida de suelos naturales.
Los áridos naturales pueden ser sustituidos, en parte, por áridos reciclados procedentes de residuos de construcción y demolición (RCD), lo que conlleva varios impactos positivos. En primer lugar, permitiría disminuir el uso de áridos naturales cuya extracción y procesamiento es intensivo en energía y materiales. En segundo lugar, permitiría valorizar uno de los principales residuos generados por las obras de construcción, el hormigón. En Chile, se estima que se generan 7,1 millones de toneladas de RCD anualmente, de las cuales entre un 60% y 80% corresponden a hormigón.
De este modo, los áridos reciclados nos permitirían disminuir fuertemente la cantidad de residuos que terminan en un sitio de disposición final, y desde el punto de vista de la circularidad, la inclusión de áridos reciclados permitiría aumentar el porcentaje de un 5% a sobre el 60% de materiales con atributos circulares en la vivienda en extensión.
Caso de Éxito
La Dirección de Aeropuertos del Ministerio de Obras Públicas viene disminuyendo, desde 2014, los residuos de la construcción y demolición en los pavimentos aeroportuarios. Ejemplo es el Aeropuerto Diego Aracena de Iquique donde en vez de demoler las losas de hormigón y llevar los escombros a un botadero, se decidió triturar los escombros y reutilizarlos como material de relleno para la confección del terraplén que niveló el terreno ubicado al norte de la pista. Asimismo, en el Aeropuerto Chacalluta de Arica, se reutilizó el fresado (material que antes iba a botadero) en otras áreas del aeropuerto, dándole un nuevo uso, mientras que en el Aeródromo Eulogio Sánchez (Tobalaba) en vez de reemplazar el asfalto y la base antigua, se mezclaron y se le adicionó una emulsión asfáltica para transformarlo en una nueva base, de mejores competencias.
Este experiencia derivó en una nueva normativa que exige que en el diseño de pavimentos aeroportuarios, se evalúen las alternativas según variables de interés ambiental como son consumo energía, agua, emisión CO2, entre otras, promoviendo el reciclaje de pavimentos y la estabilización del terreno natural.
Asimismo, se elaboró una metodología que explica cómo identificar, clasificar y cuantificar los RCD, siendo el primer paso para optimizar y minimizar su generación, generar una base de datos robusta para que la Dirección de Aeropuertos haga una gestión óptima de los desechos constructivos.
La industria de la construcción ha sido reconocida por el Panel de Cambio Climático de Naciones Unidas como clave para la mitigación y adaptación ya que, a nivel mundial, la industria de la construcción genera el 38% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y en Chile probablemente supere el 30% de las emisiones nacionales. En consecuencia, la industria de la construcción debe avanzar y actuar ahora hacia la carbono neutralidad.
En Chile, se debe desarrollar un código energético del sector edificación y avanzar fuertemente hacia comunidades cero emisiones y proyectos de infraestructura carbono neutral, tal como se realiza en diversos países como el Reino Unido.
Asimismo, se debe desarrollar infraestructura resiliente y adaptada a los efectos del cambio climático. Hay estudios del Ministerio de Energía de Chile que demuestran que la inversión hacia la carbono neutralidad es la más costo-efectiva en la industria de la construcción en comparación con todos los otros sectores económicos nacionales.
Ya existe la tecnología y el conocimiento para que la industria de la construcción avance fuertemente, sin embargo a nivel nacional hace falta regulaciones, aunque ha habido importantes avances en la última década, como también incentivos del Estado para la industria y usuarios finales.
Además, se requiere una mayor inversión del país para la mitigación y adaptación al cambio climático. En la actualidad, esto junto a la falta de regulación está ralentizando el avance.
Respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la industria tiene impactos sociales, ambientales y económicos a nivel nacional y mundial. Por lo tanto, puede contribuir muy significativamente a diversos ODS, y es clave para que Chile avance hacia el desarrollo sostenible.
Hay estudios que muestran que 44% de los ODS depende dela construcción. Algunos ODS que la industria de la construcción pueden y deben contribuir significativamente son Ciudades Sustentables, agua limpia y saneamiento, acción por el clima, trabajo decente y crecimiento económico, industria innovación e infraestructura, salud y bienestar, igualdad de género, entre otros.
La crisis climática es el mayor desafío que enfrentamos como humanidad y nos obliga a tomar acciones urgentes, cambiando cómo hacemos las cosas. Nuestro planeta ya no resiste la lógica lineal de extraer, producir y desechar, necesitamos dar un giro. ¿Qué hacer? La respuesta es avanzar hacia una economía circular, en donde la basura no exista, los materiales se mantengan en el ciclo de producción y la forma que producimos hasta tenga una capacidad de regenerar ecosistemas dañados.
Por eso lideramos un amplio proceso participativo que generó la Hoja de Ruta para un Chile Circular al 2040, plan maestro que contiene metas y acciones concretas para que el país avance hacia la economía circular, una que sea regenerativa e impulse a Chile hacia un desarrollo sostenible.
Imaginamos un país donde nada se desperdicia y todo se transforma para el cuidado de la vida. Si somos capaces de concretar este plan y llevar la visión circular a los distintos ámbitos de nuestra sociedad, podremos mejorar la calidad de vida de las personas en sus territorios, cuidar y regenerar los ecosistemas de nuestro país y abrir múltiples nuevas alternativas de crecimiento verde.
La construcción jugará un rol fundamental en esta transformación y quienes opten primero por esta nueva mirada, verán los beneficios que trae para el país, pero también para sus negocios.
Se estima que cerca del 35% de los residuos a nivel mundial proviene de la construcción y demolición (RCD). En Chile, la generación de estos alcanza 7,1 millones de toneladas al año, solo por edificaciones autorizadas, lo que es más que el total de los residuos municipales, algo así como tres cerros Santa Lucía. A eso hay que agregarle las obras de infraestructura, lo que se genera en catástrofes naturales y las edificaciones informales.
Asimismo, la construcción representa 7,1% del PIB de Chile, siendo un motor importante de la reactivación que necesitamos impulsar, y un consumidor de millones de toneladas de materiales.
Con la incorporación de economía circular al sector construcción se abren innumerables posibilidades de ahorro y optimización, además nuevas oportunidades de negocios. Pasar de enterrar materiales a darles una segunda vida útil es un cambio necesario, y en el sector construcción significa valorizar millones de toneladas de áridos, maderas y otros materiales, lo que es al mismo tiempo una oportunidad, y eso la industria ya lo está explorando. Según un estudio de la Universidad Católica, las pérdidas económicas por materiales desperdiciados son de US$315 millones al año. Sin embargo, los RCD son altamente aprovechables, pudiendo alcanzar tasas de 95%.
La industria de la construcción está conociendo las ventajas de incorporar la economía circular en sus procesos productivos y en su oferta. Hoy el gremio de la construcción es consciente de que tiene un rol importante para lograr ciudades sostenibles y mejorar el desempeño ambiental en nuestro país.
Así lo refleja la alta y positiva participación de la Cámara Chilena de la Construcción y de muchas empresas constructoras y proveedoras de materiales que participaron activamente, en todo Chile, de la confección de la hoja de ruta antes mencionada. También el hecho de que el sector ya está trabajando en la elaboración de su estrategia hacia la economía circular.
Las empresas que han implementado medidas ya han demostrado que resulta económicamente atractivo optimizar los diseños, mejorar el manejo de materiales en obra, disminuir la generación de residuos. Seguir el camino de la sustentabilidad en la construcción no es más costoso, porque la economía circular ofrece optimizar los procesos productivos mejorando la productividad de los materiales.
Nosotros proyectamos que al 2040 la economía circular esté instalada con fuerza en la cultura del país, generando hábitos de uso y consumo y patrones de producción más sostenibles. Asimismo, que las prácticas circulares hayan impulsado la regeneración de la naturaleza; que se aproveche al máximo el potencial de la innovación; que se promueva el desarrollo local sostenible. Para ello, el impulso del sector construcción es fundamental.
Hoy, con miras a poder seguir viviendo adecuadamente al 2050, en medio del innegable escenario de cambio climático, debemos no solo trabajar en mitigar sus consecuencias, sino también en planificar y desarrollar la adaptación a futuros escenarios, desde el sector de la construcción. Arquitectos, ingenieros, constructores, técnicos y operarios tenemos mucho que repensar y aportar a este gran desafío.
Nuestra industria representa el 40% del consumo de las materias primas a nivel mundial y es responsable del 34% del total de los residuos sólidos generados en el país. Asimismo, consume aproximadamente un 30% aprox. de la energía, pero, en el mundo, un 36%. A nivel local, genera un 30% de Gases de Efecto Invernadero (GEI), pero a nivel mundial, las emisiones de CO2 son equivalentes a un 39%. Además, el sector consume el 16% del agua del planeta.
Hasta hace poco estas crudas cifras no eran visibles. Pero, ahora que lo son, tenemos la obligación de mitigar el cambio climático, adaptarnos y mejorar la calidad de vida. Hasta ahora, generábamos externalidades con edificaciones que promedian temperaturas interiores fuera de los rangos de confort (19°- 26°C) en épocas de frío y calor, obligando a los usuarios a depender de equipos de calefacción y refrigeración cuando existen los recursos necesarios, y cuando no, obligan a transitar por la pobreza energética. Lo anterior, con un clima que en gran parte de nuestro país es bastante benigno, con una demanda de energía fácil de controlar, si ejecutamos un diseño que logre buenos estándares de calidad de ambiente interior.
Como arquitectos, debemos hacernos cargo de todas las externalidades al momento de diseñar y de disminuir la demanda de energía de la nueva construcción en al menos un 50% con miras a 2030 y del 50% de las emisiones de CO2 de todo el parque edificado para 2035.
Hoy contamos con herramientas como BIM, que facilitan la visualización de las externalidades y la integración de especialidades en fases tempranas de diseño; también con certificaciones nacionales e internacionales, que exponen los aportes en cada uno de estos aspectos; y otros que nos ayudan a mitigar y adaptar nuestros edificios al cambio climático, para mejorar la calidad de vida de sus usuarios.
Aprovechemos los beneficios de contar con Certificación Edificio Sustentable (CES), Certificación de Vivienda Sustentable (CVS) y Calificación Energética de Vivienda (CVS); y, próximamente, de la Calificación Energética de Edificios de Uso Público (CEEUP), es decir, para edificios no residenciales. Adicionalmente, los Planes de Descontaminación Atmosférica (PDA) ya aplican la futura actualización a la Reglamentación Térmica en varias localidades y está vigente ya la Ley de Eficiencia Energética, que hará obligatorias las calificaciones energéticas.
Hagamos propio el Plan Nacional de Eficiencia Energética del Ministerio de Energía y la Estrategia de Economía Circular de la Construcción impulsada por la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), Construye2025 y el Instituto de la Construcción (IC), con la Corporación de Desarrollo Tecnológico (CDT) como facilitador. Tomemos créditos verdes con tasas preferenciales para proyectos con certificaciones nacionales hoy ya existentes en el mercado.
Necesitamos acelerar y acrecentar la voluntad y determinación de los profesionales, técnicos y operarios del área, para avanzar con la mayor premura en la resolución de este desafío. No podemos seguir diseñando como si nuestros recursos naturales fueran infinitos. Tenemos una gran responsabilidad como arquitectos. Debemos tomarla ahora.
Cuando hablamos de Construcción Sustentable debemos entender el amplio sentido del concepto pues, a ratos, nos fijamos en un solo aspecto, el relativo al tema medioambiental y su respeto, pero el Desarrollo Sostenible está definido y asumido por Naciones Unidas, como aquel “que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones, garantizando el equilibrio entre el crecimiento económico, el cuidado del medio ambiente y el bienestar social”.
El esquema de financiamiento de Doble Impacto, en camino a ser el primer banco con lineamientos 100% éticos del país, contribuye a potenciar proyectos e iniciativas que integran el concepto de Construcción Sostenible como lo define, también, el Ministerio de Medio Ambiente[1], es decir, “aquella que incorpora la sustentabilidad en el ciclo de vida (construcción, uso, gestión de recursos, reciclaje, reutilización y revalorización de residuos) de casas, edificios e infraestructura en general, aumentando el bienestar para los usuarios y sin comprometer al medio ambiente”, considerando aspectos de bienestar en toda clase de edificaciones, así como la educación, con estándares de construcción sustentable que sean comunicados eficazmente a la población. También potenciando la innovación por medio de centros tecnológicos y programas estratégicos para la construcción sustentable y asegurar que la gobernanza que se genere en cada caso, de continuidad a las iniciativas de construcción mediante la definición de metas con visión estratégica.
Se trata de promover, también, productos y servicios que incentiven la construcción de hábitat inclusivos y sostenibles, que permitan mejorar la calidad de vida de las personas, comunidades y territorios. Promover la generación de este tipo de hábitats a través de la construcción de viviendas sustentables, la regeneración urbana y la construcción de ciudades inteligentes, fomentando el desarrollo local de los territorios.
Importante es constatar la ausencia de planos reguladores actualizados en muchos lugares lo que ha generado, por una parte, densificación excesiva y no planificada de los territorios, pues se ha construido masificadamente en altura, causando una serie de problemas para las personas que viven en estos proyectos inmobiliarios y en el entorno, asociados a congestión vial, accesibilidad, gestión de residuos, hacinamiento, gestión de emergencias, etc. En este esquema de financiamiento, no tienen cabida proyectos inmobiliarios que se diseñen sin considerar la identidad del lugar en el que se emplazarán y/o que se desarrollen sin participación de la comunidad y actores locales relevantes, así como tampoco proyectos que no se hacen cargo del uso de materiales y su reutilización o revalorización en lo que dice relación con la gestión sostenible de residuos.
El compromiso de la Banca Ética es con proyectos preocupados de reducir el impacto ambiental del proceso constructivo, ya sea a través del control del consumo de recursos, la reducción de emisiones contaminantes, y/o la minimización y correcta gestión de residuos que se generen a lo largo de toda la construcción.
Entendemos que la construcción del hábitat y la ciudad debe realizarse pensando en la integración y la inclusión de todos quienes vivimos en ella. Por eso promovemos el trabajo que se realice en proyectos de viviendas que contemplan las necesidades de las familias, y en armonía con el entorno. Aquello que propicie el empleo de las personas que viven en las localidades y cercanías de donde se ejecutan los proyectos, y especialmente los que promueven empleo digno por sobre los estándares legales mínimos, la capacitación de los trabajadores y fomente la calidad de vida de ellos y sus familias.
El compromiso es definitivo en la defensa del medio ambiente y las comunidades, en todo proyecto que la Banca Ética desee financiar.
[1] https://ccps.mma.gob.cl/lineas-de-accion/construccion-sustentable/
Desde el inicio de la Revolución Industrial la humanidad ha estado dominada por un sistema económico absolutamente lineal: producir, consumir y desechar. Modelo que ha sido nefasto para el medio ambiente. Son tan graves que según un informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU nuestro planeta va a alcanzar el decisivo límite de 1,5 ℃ por encima de la temperatura de la época preindustrial en el año 2030.
Por eso urge cambiar la economía lineal por una circular y el desafío es trabajar con una visión de largo plazo que permita generar un modelo que vaya más allá del reciclaje. La sociedad y las empresas y organizaciones de todo tipo y tamaño se deben hacer cargo de sus residuos, valorizarlos y darles una nueva vida o uso.
En 2015, la Unión Europea adoptó un plan de acción para transitar hacia una economía circular, con el beneficio incluido de generar nuevos puestos de trabajo y bajo un esquema de desarrollo sostenible. En Chile, el Ministerio del Medioambiente cuenta con la Oficina de Economía Circular, entre sus líneas de acción se especifica desarrollar un trabajointersectorial que busque dar solución a los problemas derivados de la alta generación de residuos sólidos en construcción y demolición (los llamados RCD). Los RCD pueden alcanzar altas tasas de valorización dado que mayoritariamente son residuos incorporables a ciclos de economía circular, disminuyendo la extracción de materias primas del medio ambiente.
Entre los materiales de construcción más amigables con el medio ambiente está el acero, ya que se puede reciclar infinitas veces sin perder sus características, por eso es el material más reciclado en el mundo. Además, posee una gran durabilidad y, en comparación con otros materiales, requiere cantidades relativamente bajas de energía para ser producido.
Considerando estas ventajas, el ICHA promueve activamente la utilización del acero en la construcción y especialmente la construcción industrializada que permite importantes aumentos de productividad, menores costos y ahorro en tiempo. Además, es un sistema constructivo sustentable, pues consume menos energía, disminuye la contaminación acústica y las emisiones de material particulado a la atmósfera.
La construcción industrializada reduce las mermas de acero en las obras, así, el material no utilizado queda en la maestranza facilitando su reciclaje y con ello completa el circuito ambiental, ya que es un consumidor de acero y proveedor de chatarra al mismo tiempo.
La construcción en Chile no puede quedarse fuera de las tendencias mundiales. En países desarrollados la industrialización hace tiempo que llegó para quedarse. Sus beneficios son claros y contundentes: mayor seguridad en las obras, menores tiempos de construcción, disminución de costos y menor contaminación.
Para conseguir este importante avance es necesario cumplir con un requisito muy importante y que es la utilización de productos de acero debidamente certificados, rotulados y que cumplan con la normativa vigente en Chile. Si los distintos productos de acero llegan a una obra sin cumplir con las especificaciones y calibraciones exactas, generan problemas de ensamblaje y con ello demoras y costos adicionales, además de riesgos de judicializar las obras”.
Para avanzar con la utilización del acero, el ICHA ha desarrollado el “Código de Prácticas Estándar para Construcciones en Acero” una publicación técnica que sirve como guía para mandantes, constructores, contratistas e inspectores involucrados en proyectos que requieren la utilización de los distintos productos de acero. Su cumplimiento permite identificar tempranamente los roles de cada participante de una construcción en el uso y aplicación de los distintos productos de acero y, junto con ello, evitar muchos de los problemas constructivos y contractuales señalados.
El “Código de Mejores Prácticas para Construcciones en Acero” está disponible para su adquisición en la página del ICHA, www.icha.cl.
Este 14 de julio de 2021 entra en vigencia la norma oficial NCh3417:2016 – Estructuras – Requisitos para proyectos de cálculo estructural, de acuerdo a lo expresado en el decreto 1465 del año 2020 dictado por el Ministerio de Obras Públicas.
Este es un hito importante para la ingeniería estructural chilena, anhelado por mucho tiempo y fruto del trabajo de varios socios de AICE junto a otros profesionales del área durante varios años, porque define los alcances y complejidades de los servicios profesionales de cálculo estructural, la estandarización de los procesos para quienes ejercen la profesión, y la forma en que se relacionan las distintas sub especialidades o áreas de especialización del cálculo estructural. En definitiva, es un aporte para quienes contratan los servicios de ingeniería estructural y para quienes trabajamos día a día en proveerlos.
Muchas veces hemos conversado en relación al alcance infinito que a veces tienen nuestros servicios de ingeniería estructural dentro del proyecto y ahora tenemos una norma que define conceptos como elementos estructurales y no estructurales, elementos de ingeniería externa y elementos estructurales con ingeniería previa, entre muchos otros, y también los diferentes estudios de un proyecto de cálculo estructural y sus documentos, tales como la memoria, los planos, las especificaciones técnicas y los protocolos de inspección, es decir queda establecido de manera clara los alcances de nuestros servicios.
Como pueden ver, es muy importante que todos conozcamos y utilicemos esta norma en el quehacer diario de nuestra profesión y también que compartamos con otros miembros de AICE los beneficios que ha generado su utilización y, por supuesto, quedan invitados a plantear todos aquellos temas que estimen pendientes, para que los conversemos y discutamos en nuestra Asociación, para buscar sus soluciones, ya sea con una mayor difusión de la norma o con el desarrollo de nuevas versiones.
En este sentido, como AICE ya hemos solicitado al Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) su incorporación en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC), tanto en el listado de normas técnicas que considera como en los diferentes conceptos incluidos en este reglamento, para homologar lo indicado en este importante texto legal con lo definido en esta nueva norma.
Muchas gracias a quienes, convencidos de la importancia que un texto de estas características tiene para la existencia de una ingeniería estructural de alta calidad en Chile, trabajaron en su redacción y desarrollo en cada una de sus etapas, especialmente a los socios de AICE.
Por ello, ahora, la invitación es a aplicarla en el trabajo diario en nuestras oficinas, para que este gran esfuerzo realizado logre los frutos esperados.