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28 Enero 2026

El reto de alinear la formación académica con las exigencias de la industria

The architect is working to design the building at the office desk.

A través de mesas de trabajo y vinculación directa con el entorno, las casas de estudio buscan superar las “trincheras” sectoriales para crear soluciones aplicables a los problemas reales de la edificación en Chile.

El rubro de la construcción atraviesa una transformación sin precedentes, impulsada por la necesidad urgente de mejorar los indicadores de productividad y sostenibilidad. En este escenario, el vínculo entre la academia y el sector productivo se vuelve fundamental. El Instituto de la Construcción ha detectado que fomentar el desarrollo normativo y la difusión de mejores prácticas requiere de una base académica sólida, que forme futuras generaciones de profesionales capaces de liderar estos cambios.

Para profundizar en cómo la educación superior está respondiendo a estos requerimientos, conversamos con Marcos Díaz, director del Departamento de Ciencias de la Construcción de la UTEM; Felipe Ossio, director de la Escuela de Construcción Civil de la PUC; e Ítalo Sepúlveda, director de la carrera de Ingeniería en Construcción de la Universidad Autónoma de Chile. Los académicos coinciden en que la articulación estratégica entre universidad e industria no es solo una opción, sino una responsabilidad técnica para asegurar la resiliencia de la industria nacional.

Mecanismos de actualización y alineación curricular

La rapidez con la que emergen nuevas tecnologías obliga a las universidades a implementar sistemas de retroalimentación constantes. En el caso de la UTEM, existe una relación con sus propios egresados para monitorear las tendencias. “La Escuela de Construcción Civil de la UTEM se reúne constantemente con titulados de la carrera de Ingeniería en Construcción como también de Ingeniería Civil en Obras Civiles, con el fin de retroalimentarse de lo que está sucediendo en el rubro”, explica Marcos Díaz.

Por su parte, la Universidad Autónoma de Chile ha estructurado una metodología multifactorial que incluye mesas de trabajo con actores relevantes y la validación periódica del perfil de egreso. Ítalo Sepúlveda destaca que “la incorporación de docentes vinculados activamente con el sector construcción facilita la transferencia de conocimientos y prácticas actuales”, permitiendo que el aula sea un reflejo de la realidad de las obras.

En la Pontificia Universidad Católica, se han integrado mecanismos de diagnóstico dentro de los planes de estudio, como el “Taller de Desafíos en Construcción”. Felipe Ossio señala que este diseño permite “anticipar los desafíos emergentes del sector construcción y asegurar su integración en la formación profesional”.

Este enfoque busca que los futuros profesionales dominen pilares centrales como:

  • Sostenibilidad y adaptación al cambio climático.
  • Transformación digital, IA y gemelos digitales.
  • Industrialización y metodología DfMA (Diseño para la Manufactura y el Ensamblaje).
  • Pensamiento sistémico y trabajo colaborativo interdisciplinario.

La vinculación con el sector productivo 

La colaboración con entidades técnicas como el Instituto de la Construcción es la piedra angular para mantener la vigencia de los contenidos. Para la UTEM, los convenios con instituciones como el Ministerio de Obras Públicas son vitales. “Tenemos Convenios Marco con el MOP, con la ASIMP, con el Comité de Asfalto (y ojalá prontamente con el IC), con quienes hemos realizado investigaciones en conjunto”, afirma Díaz.

Desde la Universidad Autónoma, Sepúlveda destaca una colaboración efectiva que se manifiesta en la adopción de recomendaciones de gremios y del IC, aunque advierte que el vínculo está en un nivel de madurez inicial. “No siempre es evidente que esta retroalimentación se traduzca de manera consistente en ajustes metodológicos o innovaciones concretas en los procesos de enseñanza-aprendizaje”, comenta, identificando allí una oportunidad de desarrollo.

En la PUC, el rediseño curricular de 2022 se sustentó en referentes como la Cámara Chilena de la Construcción y el programa Construye2025, considerando “ejes de acción en construcción sustentable, ingeniería estructural y productividad, así como la elaboración de normas y certificaciones relevantes para el sector”, según explica Ossio.

Brechas detectadas 

A pesar de los avances, persisten brechas estructurales que dificultan una integración total. Ítalo Sepúlveda hace hincapié en un problema de perspectiva: “Uno de los principales desafíos es que las distintas partes suelen analizar y proponer desde sus propias perspectivas o trincheras, lo que dificulta alcanzar una integración real, medible y sostenible”.

Ossio coincide en esta mirada, apuntando a los ritmos de evolución: “Mientras la industria opera bajo exigencias inmediatas, la academia requiere tiempos de investigación, reflexión y aseguramiento de calidad que no siempre avanzan al mismo ritmo”.

Por otro lado, Marcos Díaz pone el foco en el dominio tecnológico. “El principal desafío es preparar profesionales que dominen IA, robótica y materiales sustentables, ya que a corto plazo, todo será sistemático a través de computadores”, advierte, subrayando que la inteligencia artificial será la base de la generación de proyectos.

Hacia un modelo de integración bidireccional

Para cerrar estas brechas, los académicos proponen transitar hacia modelos de colaboración más profundos. La propuesta de la Universidad Autónoma se centra en un ciclo de retroalimentación continua. “La universidad aporta desde el aula y la dimensión teórica, mientras la empresa contribuye desde la práctica y los proyectos reales. Los problemas detectados en la industria deben ser abordados por la academia, generando soluciones aplicables que regresen nuevamente al entorno productivo”, sostiene Sepúlveda.

En sintonía con esta visión, Ossio propone la creación de un “Hub de Construcción Academia–Industria” que funcione como una plataforma permanente para proyectos de innovación y estancias cortas de profesionales en la academia.

La incorporación de más universidades socias al Instituto de la Construcción es fundamental para consolidar esta red. Como señala Ossio, “la construcción es un sector estratégico para Chile y su transformación requiere la colaboración articulada entre universidades, empresas, organismos públicos y gremios”.

En conclusión, la relación entre la academia y la industria debe evolucionar desde una consulta formal hacia una alianza estratégica permanente. El IC, como ente articulador, juega un rol protagónico en este camino, permitiendo que la formación de los profesionales no solo cumpla con la normativa técnica, sino que sea el motor de una industria más productiva, tecnológica y comprometida con el desarrollo del país.

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4 Septiembre 2025

De residuo a recurso: La escoria de cobre para hormigones más sostenibles

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Marcos Díaz, director del Departamento de Ciencias de la Construcción de la UTEM, investiga el uso de escoria de fundición de cobre para reemplazar a los áridos tradicionales, ofreciendo hormigones más resistentes y contribuyendo a la economía circular.

En un mundo donde la economía circular y la sostenibilidad son más que una tendencia, la industria de la construcción está buscando alternativas para reducir su impacto ambiental. En ese contexto, la vasta tradición minera de nuestro país aparece para ofrecer una respuesta, en un residuo que por años ha sido un pasivo: la escoria de fundición de cobre (EFC). 

El Dr. Marcos Díaz, director del Departamento de Ciencias de la Construcción de la UTEM y director titular del Instituto de la Construcción, representante del Colegio de Constructores Civiles e Ingenieros Constructores , se ha dedicado a investigar sobre el uso de EFC para hormigón, demostrando que esta “piedra negra” no solo puede ser reutilizada, sino que, además, puede mejorar significativamente las propiedades del hormigón.

De los ríos a los escoriales: La búsqueda de un nuevo árido

La escasez de áridos naturales, extraídos tradicionalmente de los ríos, es un problema real en nuestro país. A medida que la demanda de la construcción crece, la presión sobre estos recursos aumenta, haciendo que la búsqueda de sustitutos sea una prioridad. Es en este contexto que la EFC, un subproducto del proceso de fundición del cobre, emerge como una solución prometedora.

El material, que a simple vista parece una piedra oscura y densa, tiene propiedades únicas que lo hacen ideal para su uso como árido. A diferencia de los áridos reciclados de demolición, que solo pueden reemplazar un 20% o 25% del peso total para mantener las resistencias, la escoria de cobre puede sustituir hasta el 100% del árido tradicional sin comprometer la calidad del hormigón.

“La escoria de cobre es un residuo que queda en el proceso de extraer el cobre como tal, y ese residuo queda como unas bolas negras, parecida a una piedra”, explica el Dr. Díaz. “Tiene una densidad más alta que el árido tradicional (…) la resistencia en igualdad de porción que tiene con respecto al árido natural da mayores resistencia a la compresión”, añade.

EFC tamaño árido grueso.

La ciencia detrás de la resistencia

El investigador ha formado equipo con docentes de la Universidad de Concepción. El resultado de dicha colaboración, reflejado en diversos informes técnicos, confirma las ventajas de usar EFC en el hormigón. En este proceso investigativo, se realizaron múltiples ensayos, reemplazando tanto el árido fino como el árido grueso en diferentes porcentajes.

Un hallazgo crucial fue que al reemplazar el 100% de árido grueso por EFC, el hormigón superó la resistencia del hormigón patrón, tanto a los siete como a los 28 días. Esta mejora se debe, en gran medida, a la baja absorción de agua de la escoria, que aumenta la cantidad de agua libre en la mezcla, lo que permite reducir el agua de amasado y, por ende, aumentar la resistencia final.

Sin embargo, el comportamiento de la escoria no es lineal, especialmente con porcentajes altos de reemplazo. En los morteros, por ejemplo, el reemplazo con 90% de EFC mostró una menor resistencia a los siete días, en comparación con el caso patrón, pero a los 28 días las resistencias eran similares o incluso mayores. Esto, según la investigación, podría deberse a un proceso de hidratación más lento de la EFC, que retrasa el fraguado inicial de la mezcla. Pero no hay por qué preocuparse, porque la resistencia final, a los 90 días, puede ser hasta un 20% más alta que la del hormigón tradicional. “A los 28 días es casi igual en resistencia, pero a los 90 días incluso es mucho más alta que el hormigón tradicional”, subraya el Dr. Díaz.

Probetas de mortero confeccionadas en su moldaje (izquierda), ensayo resistencia a la compresión de morteros (derecha).

Un futuro sostenible sin barreras técnicas

Más allá del laboratorio, la aplicación de este hormigón en proyectos reales enfrenta un desafío: la normativa. El académico aclara que la nueva versión de la NCh163:2024 “Áridos para hormigones y morteros – Requisitos”, ya permite el uso de este tipo de áridos. “La tecnología está, están los conocimientos, y la nueva norma, la NCh163, permite utilizar estos áridos, así que técnicamente no habría grandes problemas para poder utilizarla”, asegura.

Este avance normativo abre la puerta a la construcción de proyectos más duraderos y sostenibles. El hormigón con escoria, por su alta resistencia, es especialmente prometedor para pavimentos y otras estructuras sometidas a condiciones extremas, como los ciclos de hielo y deshielo.

“Vamos a utilizar toda la escoria que queda ahí, la vamos a reutilizar, produciendo mejores condiciones técnicas, va a resistir mejor, y para la economía circular va a ser buenísimo”, concluye.

La investigación demuestra que el material puede ser usado directamente de los escoriales, sin la necesidad de una molienda intensiva, lo que representa un ahorro energético significativo y una gran ventaja en la reducción de la huella de carbono de la industria.

El desafío ahora es pasar de la investigación a la práctica a gran escala. Aún falta definir la logística y la viabilidad económica de su comercialización. Sin embargo, el camino está trazado. Lo que alguna vez fue un residuo sin valor, hoy se erige como el material del futuro para una construcción más eficiente, sostenible y circular.

Probetas de hormigón confeccionadas en su moldaje (izquierda), probeta de hormigón ensayada a los 28 días (derecha).
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